Tuesday, December 05, 2006

Travesía al Extremo Oriental de Colombia

Parque / Rumbo a los Raudales de Maipures


Travesía al Extremo Oriental de Colombia








Uno de los caminos más emocionantes y agrestes del país y a la vez uno de los menos frecuentados es el que conduce al Parque Nacional El Tuparro


Una combinación de adrenalina, esfuerzo, disciplina y un auténtico espíritu aventurero se requieren para penetrar las entrañas del Parque El Tuparro.

Especialmente en temporada de invierno, cuando los verdes escandalosos, las furiosas lluvias y el sol que logra colarse a veces por entre las nubes, producen paisajes que dejan al visitante sin aliento y permiten al llano cobrar su singular belleza. También los elementos imponen un rigor extremo a tripulantes y máquinas en el recorrido.

El camino esta marcado por las inmensas praderas del Meta y el Vichada, por prolongados caminos de lodo, por vaqueros de pies desnudos al estribo, por morichales que tachonan de cuando en cuando las sabanas inundadas, por caños de aguas cristalinas desbordados de su curso, y también por zurales, esos montículos que amenazan constantemente con voltear los vehículos.

Y llano adentro o mejor Parque adentro, por serpientes y venados que vagabundean por las planicies o huyen de las quemas furtivas.

Son las señas de identidad de una tierra que sin ser inhóspita es salvaje, sin ser árida es agreste, y sin ser tacaña, no posa de exhibicionista en sus ornamentos naturales, excepto claro, al llegar a los raudales de Maipures, destino final de esta expedición.

El Parque Nacional El Tuparro, en el departamento del Vichada, es la porción de tierra enmarcada entre sur y norte por los ríos Tuparro y Tomo y entre occidente y oriente por Caño Hormiga y el Río Orinoco, en la frontera con Venezuela.

Con sus 548.000 hectáreas fue hace dos siglos el refugio de indígenas de las etnias Guipuñave y Pareni, hoy lo es de Guahibos y Cuibas.

También es albergue de una gran riqueza natural, como lo son los sorprendentes chaparros, arbustos que resisten el embate del fuego, casi sin inmutarse; también de alcornoques, del famoso frute burro (Xilopia aromática), de la palma seje, del palo murciélago, del dormilón o jitabarí, del algarrobo, del reventillo y del polvillo, entre muchos otros.

Pasearse por esta reserva es visitar el hogar de muchas especies características de la Orinoquia, algunas en vía de extinción como la nutria, el perro de agua, el caimán llanero, el armadillo gigante y la danta.

Es el habitat natural de pumas, tigrillos, ocarres y osos. Con la suficiente paciencia y suerte es posible ver chigüiros, zainos, osos palmeros, armadillos o conejos sabaneros, estos últimos aparecen con mucha frecuencia durante la noche y se quedan paralizados ante los faros del vehículo líder.

El invierno también tiene su magia

Aunque lo normal es emprender esta travesía en verano, la época lluviosa tiene sus encantos, pues el llano presenta algunas de sus mejores funciones: esteros, que escasean en verano, imperan durante kilómetros de recorrido; torrenciales aguaceros que pueden durar días y noches completos; extraños atardeceres, tierras bajas que potencian la aventura, pues es necesario transitar con el agua arriba de los faros de los vehículos durante cientos de metros para continuar la marcha a medida que el Tomo y el Tuparro cierran filas en su andar hacia el oriente.


En invierno también abundan los reptiles, como las tortugas terecay, que aparecen por decenas en los caminos inundados, la babilla o caimán cocodrilo y también, si bien más escaso, el caimán de la Orinoquia, una de las especies más amenazadas y que solo existe en Colombia y Venezuela.
Las serpientes aparecen con las lluvias, como la mañana que dos cuatro narices salieron de la sabana y atravesaron bajo nuestras piernas, cuando rescatábamos uno de los vehículos atascados cerca del sitio conocido como Tanzania.

Los ráudales de Maipures o Quituna, su nombre indígena original, que obligaron al misionero a regresar al lado de la indiecita Mapiripana en La Vorágine, son sin duda el epicentro paisajístico del parque. Llegar hasta allí es una tarea exigente, pero reconfortante. La zona permanece casi intacta, haciendo que los relatos del sabio Humboldt que datan de más de dos siglos atrás, parezcan escritos ayer.

Los raudales, esas hermosas cascadas sucesivas, discurren entre diques naturales, atropellando con enorme fuerza las múltiples islas de roca y granito entre las cuales se desgarra, espumante, uno de los mayores ríos del mundo: El Orinoco.

El río Orinoco, tercero en importancia en Suramérica, lleva recorridos hasta aquí 940 de sus 2,410 kilómetros y está flanqueado a ambos lados por afloramientos graníticos del Escudo Guyanés

Para completar el espectáculo, el río Tuparro desemboca al final de los raudales, que en total tienen más de ocho kilómetros de largo y casi cuatro de anchura, más que ningún otro en el mundo. Es un lugar de sin igual belleza.

El recorrido

El trayecto empieza en la carretera de salida al Llano que de Bogotá conduce a Villavicencio tramo pavimentado y en buenas condiciones. De Villavicencio se toma la salida a Puerto López y Puerto Gaitán, hasta aquí hay 305 Km. El tramo a Puerto López está perfectamente pavimentado y señalizado, de allí en adelante la carretera está en muy malas condiciones y los últimos 26 Km están destapados.

De Puerto Gaitán se sigue hasta Carimagua (103 Km), pasando por San Pedro de Arimena. Ese es buen punto para pernoctar, pues hay buen alojamiento y comida. Hasta aquí son 408 Km desde Bogotá.

Desde aquí hasta el final del recorrido la carretera es destapada, caminos sobre sabana y varias zonas inundadas, donde es fácil perderse, razón por la cual solo debe transitarse durante el día y de preferencia con un buen mapa y brújula o GPS, pues la señalización es casi inexistente.

De Carimagua se continúa hasta el Tapón (300 Km), pasando por El Viento, Gaviotas, Tres Matas y La Catorce. Luego del Tapón, frontera occidental del parque hasta Maipures (191 Km). Durante este último tramo es necesario superar cuatro bajos profundos, famosos por su extrema dificultad.

3 comments:

Aturdido y Confuso said...

Estuve cerca de tres meses en el Tuparro en 1971, cuando el Inderena apenas iniciaba a demarcar lo que entonces se conocía como Territorio Faunístico del Tuparro, y aún llevo tatuados en la mente los recuerdos de horas interminables de navegación en por el Tomo, de los Raudales de Maipures, de las caminatas por los caños del Tapón, los límpidos cielos nocturnos, del avistamiento, olor y sonido de los aguaceros al acercarse, de los mediodías de pegajoso calor, de coloridos atardeceres, de los zancudos zumbadores, de las privaciones del personal del INDERENA y de los brillantes cardúmenes de neones tetra en los caños y la inmensa cantidad experiencias que aunque vividas el final de la adolecencia son difíciles de olvidar.

Alvaro said...

Estuve en Abril de este año en la zona, casi hasta llegar la parque el tuparro....creo que es una experiencia que cualquiera quisiera vivir. Alli me di cuenta de que aunque hay zonas del pais que estan dentro del mapa, pareciera que fueran de otro pais, el abandono y la lejania y la soledad son el acompañante permanente durante el viaje, soledad que por ratos hacen pensar que estamos perdidos, solo la belleza del paisaje hacen alejar ese sentimiento pasajero. Que bueno e interesante fuera que una maravilla de este tipo tuviera el verdadero reconocimiento y el apoyo para facilitar su visita, visita que por lo demás debería ser un destino turistico muy visitado y explotado.

vladimir piza oyola said...

Es la primera vez que visitaré Tuparro muchas espectativas pero estoy seguro que es una experiencia que marcará el resto de mi existencia