Este es el blog de viajes de Francisco Forero Bonell, una descripción de algunos lugares de Colombia o el mundo con sencillas imágenes de apoyo.
Tuesday, December 30, 2008
Desierto de la Tatacoa, un paisaje en Preterito
El desierto, realmente un bosque tropical muy seco, es una tierra agreste donde el vigor de la naturaleza impone sus caprichos, sus entrañas esconden secretos engendrados en las profundidades del tiempo. El paisaje de este enclave paleontológico, situado al norte del Departamento del Huila, en el valle formado entre las cordilleras Oriental y Central, a solo 40 kilómetros de Neiva, guarda aún fósiles de tortugas, reptiles y roedores perteneciantes al periodo del Mioceno.
Aquí, en esta tierra heterogénea, se funden el ocre de la arena y el verde del bosque. Los 330 kilómetros cuadrados de La Tatacoa enmarcados por los ríos Magdalena, Ambica, Guaroco y Villavieja tienen mucho que ofrecer: casi una cincuentena de quebradas, decenas de lugares con formaciones geológicas, un observatorio astronómico en posición privilegiada, vestigios indígenas, trazas de la conquista y del dominio jesuita, pero sobre todo, rincones, gente y escenas que remontan al viajero varios cientos de años hacia atrás.
Villavieja, la población más cercana al desierto, también tienen mucha historia: sufrió varios embates durante la conquista y tuvo que enfrentar el apetito de los evangelizadores jesuitas que la convirtieron en la gran ‘Hacienda Aposentos'.
En la zona nororiental, la menos visitada, se encuentra un testimonio altivo de los indígenas del pasado: la Piedra de Doche, que ostenta las huellas de la cultura de este nombre que habitó en la ribera del río Cabrera en la época prehispánica. Recientemente un cambio en el curso del río hizo que sus aguas rodearan la piedra y en la actualidad puede observarse en época de verano.
Otro de los hallazgos emblemáticos hecho hace varios años en los intentos por entender el pasado Geológico de la zona es el Megatherium o la Gran Bestia, uno de los mamíferos más grandes que transitó sobre la tierra, tan pesado como un elefante y con garras en sus patas. Fósiles de otros mamíferos dan cuenta de una época que moldeó el dramático paisaje y de una cultura que tiene su origen en esta tierra secreta.
La Ruta
Aunque la ruta habitual para llegar al desierto de la Tatacoa es la carretera al sur que sale por Girardot hacia Neiva y luego a escasos 40 kilómetros entra al desierto, decidimos incluir en esta ocasión una variación despavimentada por el puente de Golondrinas, un puente que servia al ferrocarril para cruzar el río Magdalena, cuando aquel operaba en su recorrido hacia Villavieja.
Esta población conocida como la ‘Capital Antropológica de Colombia' encierra un pasado cargado de luchas entre sus pobladores precolombinos los Doches, los Totoyoes y los Pijaos con los conquistadores españoles.
El nuestro es un recorrido más corto e indudablemente más pintoresco, pues permite la entrada al desierto de forma gradual, para ver como el paisaje cambia de verde, a gris, y luego a rojo. En el circuito propuesto podrán verse lugares como el Cuzco, el Cardón, las Lajas, el Valle de la Muerte, el Estrecho de las Señoritas y otros lugares con formaciones peculiares.
Descargue aquí la ruta para su GPS
Vea aquí la ruta hacia La Tatacoa en Google Earth
Sunday, November 09, 2008
San José del Guaviare y su embrujo
Tomamos la vía al llano para San Martín y allí un desvío que nos conduce por la trocha hasta La Cabaña bordeando el caño Iraca. Luego al Crucero.
Cerca de allí existen dos pequeñas lagunas enclavadas en el paisaje de la serranía que corre paralela al margen izquierdo de la carretera que va a Puerto Lleras, a donde finalmente nos lleva esta trocha llena de barro, serranía y emoción.
Hemos encontrado la carretera pavimentada que nos llevará a San José del Guaviare luego de...
Saturday, August 23, 2008
Los tesoros de Timbiquí
Como un exuberante jardín. Así se ve desde el aire Timbiquí, una población ubicada en la costa meridional del Pacífico. Esta vez hasta Guapi volamos con la brigada de Alas para la Gente. De allí, en lancha hasta la desembocadura del río para cruzar después trechos de mar abierto e internase por los esteros de los imponentes manglares, considerados los ecosistemas más ricos del planeta.
Una hora y media después entramos por el río Timbiquí, el río-abuelo, y atracamos en su singular puerto que sirve por igual a las lavanderas para fregar la ropa y a los niños timbiquireños para su chapuzón diario.
Nada más llegar, la población nos da un golpe azahar del que tardamos unos cuantos minutos en recuperarnos, dejándonos plenos de evocaciones que remiten a la selva y al mar. Cierto es que acaba de rayar el medio día y aquí, a esas horas, en esta naturaleza húmeda y calurosa, las flores de naranjo y las palmeras de naidí se ponen de tiros largos para pasear sus aromas por las más de 30 hectáreas que componen el casco urbano.
En la noche vamos a la casa de la cultura para presenciar un espectáculo de música y danza. Los cueros del bombo y del cununo retumban rítmicamente hasta sacarle el diablo a quien los toque, como dicen los abuelos aquí. Las chontas de la marimba, ese instrumento netamente africano y las semillas dentro de la caña del guasá, nos entregan esa voz altiva de los ritmos afro como el abozao, la caderona, el andarele y el currulao, por siempre la principal expresión de las comunidades del litoral Pacífico, el toque rítmico y desafiante de sus penas, que quizás les permite recordar de donde vienen.
Con el nuevo día, vamos directo al muelle a encontrar a Elvis Herrera y Valentín García, guía y motorista que se encargarán de remontarnos por casi una veintena de rápidos y los 32 kilómetros de río que serpentean hasta Santa María...
Saturday, July 19, 2008
Volvimos al Tuparro
Cada vez que vamos al Tuparro nos encontramos con sorpresas y lugares mágicos, esta vez pudimos visitar Caño Lapa en todo su esplendor y también sobrevolar los raudales de Atures y Maipures.
Aquí un adelanto de las imágenes:
Thursday, January 03, 2008
Cambio de año en el páramo
En esta ocasión entramos por la vereda El Salitre en donde un conjunto de carreteras secundarias conducen en dirección nororiente a las estribaciones del Parque Chingaza, una fábrica de agua enclavada en la Cordillera Oriental.
Aquí, algunas fotos del album o si quiere ver el recorrido en Google Maps, haga click aquí. (No olvide activar la vista satelital) También puede descargar este archivo y abrirlo en Google Earth.
El parche: Taty, Álvaro, Andre, yo y Fede (el perro). Temperatura: bajo cero. Cena de 31: vino y hallacas venezolanas (o hayacas, según el diccionario de la Real Academia se aceptan las dos formas). Celebración: el frío no nos dejó ni destapar la champaña, ni encontrar las uvas. Claro, según Taty un pecado imperdonable que ella no había cometido en sus treinta y pico de años.
El clima inmejorable, ni una sola nube en el cielo, lo cual por supuesto hizo la noche aún más fría. Talvez para los que la conocen no hace falta aclarar, pero en realidad Taty no dejo dormir a Fede en toda la noche: "Fede, hazte aquí", "Fede, ¿tienes frio?", "Fede, ¿quieres comer algo más?" Fede, ¿quieres que Alvaro se quite?, "Fede, toma otra cobija" (la de Alvaro) etc.
Con todo, un 31 inolvidable!
Thursday, November 22, 2007
Video del Huila
Tuesday, November 13, 2007
Vuelo en San Agustin
Hemos estado volando en el globo aerostático sobre el Macizo Colombiano y el sitio arqueológico del Parque de San Agustín.
Muchos han visitado este lugar, pero en realidad pocos intuyen la belleza que desde el aire tiene la región que ve nacer el Río Magdalena y donde se bifurcan la Cordillera Oriental y la Central en los Andes colombianos.
Thursday, November 08, 2007
Cartagena, brillo colonial
Muchas ciudades en el continente han sucumbido al progreso. La historia y arquitectura que alguna vez ostentaron se ha licuado con un paisaje ajeno y funcional. Toda su antigua grandeza se asila en un manojo de ruinas o en los folios de la historia.
Pero algunas han logrado escapar del olvido y de la acción del hombre, Cartagena de Indias es una de esas afortunadas sobrevivientes.
El mismo día en que Ana Bolena, esposa del rey Henry VIII de Inglaterra, era coronada reina en la Abadía de Westmister, Pedro de Heredia realizaba la fundación de la villa de Cartagena, apodada “de Poniente", para diferenciarla de "Cartagena de Levante", en España.
Cuando uno se aproxima a ella por aire, el llamado recinto amurallado muestra todo el encanto de un paisaje salido del túnel del tiempo. Con sus coloridas edificaciones, sus sólidos baluartes, sus casonas coloniales que sintetizan las tradiciones arquitectónicas árabes o españolas y sus seductoras fachadas decoradas con escudos.
Un rayo de luz se mueve con lentitud entre el conjunto destacando los rasgos florentinos del campanario de la catedral aquí, la portada barroca del Palacio de la Inquisición allá y al fondo, los tintes vivos de las edificaciones que conforman el Portal de los Dulces, en la Plaza de los Coches. De pronto las formas lejanas se vuelven nítidas y la ciudad entera se encierra en la muralla de piedra concebida por el ingeniero militar Bautista Antonelli, como si quisiera protegerse de nuevo de los corsarios que atacaron a la ciudad hasta mediados del siglo XVIII.
Desde aquí los techos de Cartagena aparecen dispuestos como numerosos libros de lomos y tapas rojas que encuadernan la vieja ciudad y se abren boca abajo para narrar de tejados adentro, desde las espaldañas hasta los sótanos, la vida de los cartageneros.
Cartagena fue el principal puerto negrero del Caribe y esta vista aérea nos muestra una ciudad que siguió los modelos habituales de las ciudades hispánicas portuarias, en parte respondiendo a partir del siglo XVII a una arquitectura mudéjar. A este singular estilo arquitectónico, emparentado con el gótico y caracterizado por el empleo del ladrillo decorado con yesos y cerámicas, pertenecen muchas viviendas cartageneras de un piso o construcciones como la Iglesia de Santo Toribio de Mogrevejo en el barrio San Diego y otras en Getsemaní.
Desde el aire también sorprende la vista hacia el sur occidente, en donde la Heroica cambia de traje. Se alzan decenas de edificios nuevos y se remozan los antiguos que están dispuestos en una apretada hilera con forma de “L” conformada por Bocagrande y rematada por el barrio de Castillogrande.
Al fondo es posible divisar la isla de Tierra Bomba donde está el famoso castillo de San Fernando y sus respectivas baterías: Angel San Rafael (hoy restaurada), San Francisco Regis (destruida) y la de Santiago.
Los fuertes de San Fernando y San José, que protegen el canal de Bocachica, constituyen una de las obras más imponentes de la ingeniería militar. El primero reemplazó la original fortificación de San Luis, que fue destruida durante el fallido asalto de la flota del Almirante Edward Vernon en 1741.
Un acercamiento fotográfico distinto
En esta oportunidad y por primera vez en esta serie hemos utilizado una aproximación diferente para lograr las imágenes que acompañan esta nota. Debido a la dificultad para sobrevolar a baja altura la ciudad de Cartagena con nuestro globo aerostático habitual o con una avioneta convencional, hemos recurrido a una plataforma no tripulada.
Esta plataforma es un globo no tripulado que puede elevarse hasta 500 pies (un poco más de 150 metros) y que ha sido equipado con cámaras fotográficas de alta resolución, un sistema de radio control, equipos de estabilización de imagen y también un sistema de transmisión de video a tierra. Al igual que en las otras aeronaves que empleamos en esta serie especial de Colombia, la meteorología juega un papel primordial, sin embargo esta plataforma nos permite tener una autonomía de vuelo superior y lograr ángulos fotográficos imposibles de otra manera.
Para muestra, hemos obtenido imágenes del Castillo de San Felipe de Barajas, considerado como el ejemplo más importante de la arquitectura militar que España llevó a cabo en América. Desde su construcción en la Colina de San Lázaro, ha sido el guardián y protector de la ciudad. Ahora tenemos la oportunidad de ver las baterías de San Carlos, Los Apóstoles, Hornabeque, también las garitas, la espadaña y los aljibes. Sin duda una de los mejores prototipos de la Escuela Hispanoamericana de Fortificación completada por el ingeniero Antonio de Arévalo.
También hemos sobrevolado el sector Cielo Mar donde la vista de los modernos edificios de apartamentos, los complejos hoteleros y la franja de playa, tienen por marco a la Ciénaga de la Virgen y por telón de fondo a la Popa, cerro tutelar de la ciudad de Cartagena, la Joya del Caribe como le llama deliciosamente Moisés Álvarez Marín en el libro del mismo nombre.
Vea aquí más imágenes en Google Maps
*Este proyecto es posible gracias a e IM Editores y Juegos del Aire Colombia quienes han formado la iniciativa llamada desdelaire.com
Tuesday, July 24, 2007
Wednesday, January 03, 2007
Fotografía Aérea
Pueden ver esta compañía en www.desdelaire.comEspere próximos reportajes utilizando su tecnología. La foto de la izquierda fue realizada en la ciudad de Cartagena
Saludos
Tuesday, December 05, 2006
Travesía al Extremo Oriental de Colombia
Parque / Rumbo a los Raudales de Maipures
Travesía al Extremo Oriental de Colombia
Uno de los caminos más emocionantes y agrestes del país y a la vez uno de los menos frecuentados es el que conduce al Parque Nacional El Tuparro
Una combinación de adrenalina, esfuerzo, disciplina y un auténtico espíritu aventurero se requieren para penetrar las entrañas del Parque El Tuparro.
Especialmente en temporada de invierno, cuando los verdes escandalosos, las furiosas lluvias y el sol que logra colarse a veces por entre las nubes, producen paisajes que dejan al visitante sin aliento y permiten al llano cobrar su singular belleza. También los elementos imponen un rigor extremo a tripulantes y máquinas en el recorrido.
El camino esta marcado por las inmensas praderas del Meta y el Vichada, por prolongados caminos de lodo, por vaqueros de pies desnudos al estribo, por morichales que tachonan de cuando en cuando las sabanas inundadas, por caños de aguas cristalinas desbordados de su curso, y también por zurales, esos montículos que amenazan constantemente con voltear los vehículos.
Y llano adentro o mejor Parque adentro, por serpientes y venados que vagabundean por las planicies o huyen de las quemas furtivas.
Son las señas de identidad de una tierra que sin ser inhóspita es salvaje, sin ser árida es agreste, y sin ser tacaña, no posa de exhibicionista en sus ornamentos naturales, excepto claro, al llegar a los raudales de Maipures, destino final de esta expedición.
El Parque Nacional El Tuparro, en el departamento del Vichada, es la porción de tierra enmarcada entre sur y norte por los ríos Tuparro y Tomo y entre occidente y oriente por Caño Hormiga y el Río Orinoco, en la frontera con Venezuela.
Con sus 548.000 hectáreas fue hace dos siglos el refugio de indígenas de las etnias Guipuñave y Pareni, hoy lo es de Guahibos y Cuibas.
También es albergue de una gran riqueza natural, como lo son los sorprendentes chaparros, arbustos que resisten el embate del fuego, casi sin inmutarse; también de alcornoques, del famoso frute burro (Xilopia aromática), de la palma seje, del palo murciélago, del dormilón o jitabarí, del algarrobo, del reventillo y del polvillo, entre muchos otros.
Pasearse por esta reserva es visitar el hogar de muchas especies características de
Es el habitat natural de pumas, tigrillos, ocarres y osos. Con la suficiente paciencia y suerte es posible ver chigüiros, zainos, osos palmeros, armadillos o conejos sabaneros, estos últimos aparecen con mucha frecuencia durante la noche y se quedan paralizados ante los faros del vehículo líder.
El invierno también tiene su magia
Aunque lo normal es emprender esta travesía en verano, la época lluviosa tiene sus encantos, pues el llano presenta algunas de sus mejores funciones: esteros, que escasean en verano, imperan durante kilómetros de recorrido; torrenciales aguaceros que pueden durar días y noches completos; extraños atardeceres, tierras bajas que potencian la aventura, pues es necesario transitar con el agua arriba de los faros de los vehículos durante cientos de metros para continuar la marcha a medida que el Tomo y el Tuparro cierran filas en su andar hacia el oriente.
En invierno también abundan los reptiles, como las tortugas terecay, que aparecen por decenas en los caminos inundados, la babilla o caimán cocodrilo y también, si bien más escaso, el caimán de
Las serpientes aparecen con las lluvias, como la mañana que dos cuatro narices salieron de la sabana y atravesaron bajo nuestras piernas, cuando rescatábamos uno de los vehículos atascados cerca del sitio conocido como Tanzania.
Los ráudales de Maipures o Quituna, su nombre indígena original, que obligaron al misionero a regresar al lado de la indiecita Mapiripana en
Los raudales, esas hermosas cascadas sucesivas, discurren entre diques naturales, atropellando con enorme fuerza las múltiples islas de roca y granito entre las cuales se desgarra, espumante, uno de los mayores ríos del mundo: El Orinoco.
El río Orinoco, tercero en importancia en Suramérica, lleva recorridos hasta aquí 940 de sus 2,410 kilómetros y está flanqueado a ambos lados por afloramientos graníticos del Escudo Guyanés
Para completar el espectáculo, el río Tuparro desemboca al final de los raudales, que en total tienen más de ocho kilómetros de largo y casi cuatro de anchura, más que ningún otro en el mundo. Es un lugar de sin igual belleza.
El recorrido
El trayecto empieza en la carretera de salida al Llano que de Bogotá conduce a Villavicencio tramo pavimentado y en buenas condiciones. De Villavicencio se toma la salida a Puerto López y Puerto Gaitán, hasta aquí hay 
De Puerto Gaitán se sigue hasta Carimagua (
Desde aquí hasta el final del recorrido la carretera es destapada, caminos sobre sabana y varias zonas inundadas, donde es fácil perderse, razón por la cual solo debe transitarse durante el día y de preferencia con un buen mapa y brújula o GPS, pues la señalización es casi inexistente.
De Carimagua se continúa hasta el Tapón (
Tuesday, November 08, 2005
Terraza al Llano

La sierra nevada del Cocuy, una terraza hacia los Llanos
Uno de los primeros lugares a donde llega el sol en Colombia es a los picos de la sierra nevada del Cocuy. Ellos son el techo de la cordillera Oriental y, por eso, allí son más largos los días y más hermosas las auroras, como las de enero y febrero.
El mejor lugar para apreciarlas es el conocido como ‘mirador al llano’, arriba, al sureste de la laguna de la Plaza. Disfrutar desde allí el amanecer es apreciar cómo el sol remonta las sabanas orientales y vigoriza sus fuerzas para que sus primeras luces se adueñen de los filos de las montañas para hacerlos explotar en colores añiles, púrpuras y anaranjados.
Llegar aquí significa sortear tenebrosos acantilados, maravillarse con los picos nevados, la laguna misma y sus alrededores y, luego, extasiarse con la inmejorable panorámica al Oriente. Este es el sitio donde se resume el ecosistema de la sierra nevada del Cocuy. Un ecosistema que está repartido por las 306.000 hectáreas del Parque Nacional Natural que lleva el mismo nombre.
Es una zona de reserva ubicada en jurisdicción de los municipios de Güicán, el Cocuy, Chita, Cubará, El Espino y Chiscas, en Boyacá; La Salina y Sácama, en Casanare, y San Lope en Arauca. También llamada Chita o Güicán (‘tierra donde vuela el águila’, según los indígenas tunebos, habitantes de esta zona), la sierra tiene 22 picos nevados y las alturas de la zona protegida van desde los 500 hasta los 5.330 metros sobre el nivel del mar.
La sierra nevada es como la madre protectora que abraza a varios pueblos de montaña del departamento de Boyacá. Por su costado occidental, los ascensos resultan suaves y placenteros, a pesar de que es necesario remontar el profundo cañón del Chicamocha, en Capitanejo, hasta El Cocuy (2.750 m.s.n.m.) o Güicán (2.925 m.s.n.m) y de allí al alto de la Cueva a 3.800 m.s.n.m.
Aquí se suceden bosques de encenillos, senecios, frailejones, chusques, helechos y cardones, al tiempo que sus moradores van cambiando la arquitectura de ladrillo y arena por construcciones básicas de mayor abrigo.Mas arriba, las líneas se quiebran cuando se alcanzan las cimas y lo que era amabilidad y dóciles caminos se transforma en aspereza y peligrosos peñones desmesurados, cuando la Sierra muestra sus dientes mientras se subleva con violencia en los valles interiores.
El recorrido
Para llegar a El Cocuy, desde Bogotá, se toma la autopista norte hasta Duitama (Boyacá), donde se desvía a Soatá, pasando por Santa Rosa de Viterbo, Belén, y Susacón.
En Soatá puede tomar el camino hacia Boavita, La Uvita, y Guacamayas para llegar a Panqueba, o continuar hacia Tipacoque y Capitanejo (es una vía más larga, aunque en mejor estado) en límites con Santander. Si escoge la segunda opción, cruzará por el puente sobre el río Chicamocha para continuar en dirección sureste hacia El Espino.De Panqueba o El Espino sigue hacia El Cocuy por una carretera que serpentea las estribaciones de la Sierra.
Es un recorrido de unos 440 kilómetros.Vale la pena detenerse en la plaza principal de El Cocuy para apreciar una maqueta donde están los senderos, picos, lagunas y valles más importantes de la Sierra. Busque a don Pastor Correa, uno de los primeros guías de la zona, quien la ayudó a elaborar. Él le contará historias y anécdotas de las épocas en que llegaron los cartógrafos y geógrafos que levantaron los datos para los mapas iniciales.Continuando el camino, desde El Cocuy siga la ruta hacia el estadero de don Pastor Correa y al alto de la Cueva (16 kilómetros).
Pasará por el mirador, desde donde se divisan algunos picos del cordón occidental, como el Cóncavo, el Púlpito del Diablo y el Pan de Azúcar. De aquí en adelante, la carretera exige un vehículo 4x4. En todo caso, el camino para cualquier carro termina en la casa de los Herrera, ya famosos entre los excursionistas. Es un típico rancho de montaña, construido con ‘palo rojo’, algo de bahareque y tejas de zinc, donde se puede acampar y probar la gastronomía de la región. Aquí comienza el recorrido a pie o, si prefiere, alquile un caballo en la misma casa.
Siguiendo el camino que corre paralelo al río Lagunillas se llega, más de una hora después, a una singular cadena de lagunas unidas por el río y cuyos nombres fueron dados por los campesinos de la región, en virtud de su forma y ubicación: La Pintada, La Cuadrada, La Atravesada y La Parada.Luego es necesario remontar el siempre ascendente Boquerón de Cusirí, un empinado y casi eterno zigzag de piedra. Cuando se corona, el viento recibe al visitante con una ráfaga, como nueva advertencia del poder insuperable de la naturaleza.
Después viene un prolongado descenso hasta el río Calichal y luego de atravesar un valle salpicado de frailejones y senecios, aparece Patio Bolas, que sirve de preludio a la laguna de la Plaza, apetecido lugar para pernoctar y esperar el amanecer. Es una experiencia única y exclusiva, que ha sido patentada por la naturaleza. La sensación de estar allí es de privilegio y de insignificancia. Es apabullante, y a la vez reconfortante.
Si usted va
En carro, tomando la ruta descrita, el tiempo es de 10 horas, aproximadamente. Es buena idea volver a tanquear en Soatá o en Capitanejo. Aunque parte de la vía es despavimentada, cualquier automóvil llega hasta El Cocuy, e incluso hasta donde Miguel Herrera, adelante del Mirador y del Alto de la Cueva. Un 4x4 puede llegar hasta donde Luis Alejandro Herrera, donde se puede dejar el carro por el tiempo que lo desee.
También viajan a El Cocuy dos empresas de transporte intermunicipal: Los Libertadores y Paz de Río, que tienen cinco frecuencias diarias. El valor del pasaje es de 34.000 pesos y $ 33.000, respectivamente. Desde El Cocuy puede contratarse un expreso (campero) por $ 60.000 hasta donde los Herrera o puede tomarse el camión lechero temprano en la plaza de El Cocuy, que por $ 6.000 lo dejará en el Alto de la Cueva.
Desde allí se camina hasta donde Los Herrera o directamente a la laguna de la Plaza. Esta exigente travesía tarda entre 7 y 8 horas, dependiendo del estado físico.
Dónde alojarse
En Güicán o El Cocuy hay varios lugares para pernoctar. También, en la casa de don Pastor Correa o cerca del Alto de la Cueva, por cinco o siete mil pesos.La Hacienda La Esperanza, las Cabañas del Himat y las casas de Miguel y Luis Alejandro Herrera son otra opción. En cualquiera de estos lugares se puede acampar.
Más informes, en las oficinas del Parque en El Cocuy: (8) 789-0359, pnncocuyjp@yahoo.com
Qué llevar
Carpa, un buen sleeping bag, ropa de montaña, botas, linterna, estufa, implementos de cocina de montaña y provisiones suficientes para la estadía. Si va a ascender uno o varios picos, o dar la vuelta a la Sierra, necesitará elementos básicos de montaña como crampones, piolet, cuerda, guía, etc. Asesórese antes de iniciar el viaje.
El Tiempo/Francisco Forero
Wednesday, July 27, 2005
Vistazo a los Raudales de Atures

Aún hoy llegar a orillas del Río Orinoco por tierra es un episodio digno de aventureros, pero visitar los raudales de Atures, los más anchos del planeta, es un privilegio de pocos. Aquí le decimos cómo llegar.
El Río Orinoco con sus 2.140 Km de longitud, no ha dejado de sorprender desde que Vicente Yañez Pinzón lo descubrió en el año 1500 y luego de que Diego de Ordaz lo remontara en 1531. El vigoroso río, el más importante de Venezuela y tercero más caudaloso del mundo, esta formado por la alianza de las aguas de más de 700 ríos, 104 de los cuales lo hacen de manera directa, repartidos casi por igual entre sus márgenes izquierda y derecha.
Colombia comparte un trayecto del río en el Alto y Medio Orinoco, aportando importantes tributarios como los ríos Guaviare, Meta, Arauca y Vichada, entre otros. Es precisamente la riqueza y variedad de los paisajes que se cruzan para llegar a este destino lo que hace de este recorrido uno de los más coloridos, heterogéneos y seductores de todo el país.
El recorrido esta marcado por las inmensas praderas de los departamentos de El Meta y El Vichada, por los inmortales caminos de tierra que parecen perderse más allá del horizonte, por el olor a ganado, por la estampa del vaquero de pies desnudos, por los morichales que se despliegan caprichosos en las sabanas, por los caños de aguas pardas, negras o cristalinas y por los vivos amaneceres naranja que indican irrefutablemente que se está en las entrañas del oriente colombiano.
Un camino que dista de ser el que siglos atrás vio padecer a los hombres de la Conquista y la Colonia en busca de El Dorado. Hombres que se internaron por llanuras y serranías habitadas originalmente por indígenas piapocos, sálivas, guahibos o sikuanis, achaguas, chiricoas, guamos y yaruros. Muchas de estas tierras hoy son haciendas ganaderas, con sus potros, vacas y a veces búfalos, otras están cultivadas con arroz, soya o maíz. Y también es frecuente verlas con cultivos de palma africana, pino o caucho y los tradicionales cultivos de abasto como yuca o plátano.
La riqueza faunística con la que la naturaleza privilegió a esta parte de la Orinoquía colombiana y que ha sido inspiración para leyendas y canciones, se manifiesta en forma de garzas, alcaravanes, águilas, chiguiros, dantas, venados, osos hormigueros, felinos, peces y muchos otros que con seguridad se podrán observar en este recorrido, amén de la variedad de plantas y árboles, como el búcaro o písamo de flores rojas o el aranguaney de flores amarillas que adornan el paisaje.
Después de atravesar los departamentos de El Meta y El Vichada, al final de la carretera se encuentra Puerto Carreño, la ciudad más importante en el extremo oriental de Colombia, tierra con alma llanera donde el río Meta vierte sus aguas al río Orinoco, y que está cercada por los afloramientos rocosos del Escudo Guyanés, que le conceden digna belleza paisajística. Aquí los lugares más frecuentados son las playas de los ríos Orinoco y Bita (paraíso de pescadores), los cerros del Bita y La Bandera, la cueva de Arévalo y las piedras de Custodio. Y por supuesto es el lobby de los famosos raudales de Atures cerca de Casualito donde el Orinoco se convierte en una bella sucesión de islas de piedra y cascadas. Más arriba se forman los raudales de Maipures, que von Humboldt llamó la octava maravilla del mundo y que obligaron al misionero a regresar al lado de la indiecita Mapiripana en La Vorágine.
El recorrido
La ruta empieza en la carretera de salida al Llano que de Bogotá conduce a Villavicencio (82 Km) tramo pavimentado y en buenas condiciones. De Villavicencio se toma la salida a Puerto López y Puerto Gaitán, un tramo de 193 Km. El tramo a Puerto López está perfectamente pavimentado y señalizado, de allí en adelante la carretera está en muy malas condiciones y los últimos 26 Km están destapados.
De Puerto Gaitán se sigue hasta Carimagua (103 Km), pasando por San Pedro de Arimena. Este es buen punto para pernoctar, pues hay buen alojamiento y comida. Hasta aquí son 378 Km desde Bogotá o puede continuar hasta La Primavera. Todo este tramo y hasta unos cuantos kilómetros antes de Puerto Carreño es carretera destapada y caminos sobre sabana, donde es fácil perderse, razón por la cual solo debe transitar durante el día y de preferencia con un buen mapa y brújula, pues la señalización en adelante es casi inexistente.
De Carimagua se continua hasta La Primavera (155 Km), pasando por Guacacias. Luego de la Primarera a Pueblo Nuevo (82 Km), pasando por El Tigre, y finalmente de aquí a Puerto Carreño, un tramo de 337 Km, pasando por La Culebra.
Aunque desde Carreño se podría continuar por carretera, lo mejor, es continuar por el río Orinoco en lancha. La “linea” lo llevará en una hora a Casualito por $ 15.000 /persona.
Una vez en Casualito hay dos posibilidades para alcanzar el destino final: una es cruzar el río en la “lancha pasera” que cada 10 minutos atraviesa a la población venezolana de Puerto Ayacucho, en la otra orilla. Aquí, después del respectivo registro con las autoridades venezolanas se puede encontrar una compañía de turismo que lo llevará a los espectaculares raudales de Atures en botes de rafting. El recorrido es por tierra durante 30 minutos hacia el sur, hasta un lugar llamado Montaña Fría, que pasa por el monumento natural Piedra La Tortuga. Desde allí se inicia el recorrido por el río, luego de unos veinte minutos en dirección norte estará descendiendo por los rápidos de Palo Mazón, Yavariven, Viboral y Zamuro.
La otra alternativa es alquilar una lancha o un bongo en Casualito, para remontar el río y acercarse a los raudales desde el norte. Aunque esta opción es mucho más rápida que entrar a territorio venezolano, hay que tener en cuenta que estas embarcaciones no están diseñadas para atravesar los rápidos, ni ofrecen todas las condiciones de seguridad.



